Año 9.345, la Sultana ha
intensificado sus malévolos planes para volver al trono, estatizar
toda Turquía, tener el control absoluto, invadir Rusia, resucitar a
Lenin y revivir la URSS. Ha logrado embaucar al pueblo, gracias a los
embrujos y sortilegios que camufló en cada bono que entregaba, por
lo que es casi imposible contrarrestar la temible influencia.
Las calles de Estambul
son el reflejo de lo que sucede en el país. La pobreza se respira en
cada rincón de la ciudad, el desabastecimiento es tal, que hubo
largas filas, con espera de hasta 12 horas para comprar el vital
Iphone 6. "La libertad de elegir se está cayendo a pedazos",
suspiran impotentes los esforzados Karlim Delahum y Karlim Lavalim,
lideres de la humilde pyme Pentagül, quienes desde uno de los
barrios más pobres de Estambul, reúnen lira turca a lira turca,
para apoyar a los candidatos de la UDIT, el único partido que no
mentía, para los puestos de Consejeros Reales.
No lejos de allí, camina
desolada la Bella Alemana. Sus dulces ojos observan con tristeza como
los planes de la Sultana por volver al trono y derrocar a Suleiman El
Brazoscortísimos se acentúan, con terror piensa en su última
promesa de batalla: estatizar la educación y lo que es peor, que
esta sea ¡Gratuita!.
- ¡Qué mente
perversa puede desear que la educación sea gratuita! Se lamenta
la Bella Alemana. ¡Cómo es posible si quiera imaginar que la
gente no pague por educarse y que el Estado se haga cargo de eso!
¡Cómo si fuese un derecho humano!
La
Bella Alemana ha luchado intensamente contra esos planes, como
Consejera Designada Real, ha peleado con fervor por la libertad de
elegir de la señora Juanita de La Pintanam y que esta pague por
educar a sus siete hijos: ¡Por amor a Alá! ¡Entiendan! ¿Cómo
pueden ser tan miserables de quitar el placer de pagar a una humilde
mujer, que feliz destina 3/4 partes de su sueldo para costear la
educación de sus hijos? ¿Tienen corazón para aumentar los ingresos
de esa pobre mujer y que los gaste en otras cosas, como comprarse un
nuevo colchón, y que... y que... (le tiembla la voz) que ese
gasto lo asuma el Estado?
Gruesas lágrimas caen
por sus tersas mejillas al recordar esos debates. Su puesto como
Consejera Designada Real está en peligro, pues no cuenta con
recursos para pagar su campaña. El dolor la invade. Su padre, un
modesto agricultor, que de sol a sol se dedica al noble trabajo de
las semillas, no cuenta con las liras turcas suficientes para
prestarle. "Quizá sea el momento de renunciar". De
pronto sus ojos se iluminan, como inspiración de Alá recuerda a
Pentagül, sabe que la humilde Pyme apoya a los candidatos de la
UDIT, el único partido que no mentía, pues luchan como ella contra
el estatismo, así que redirige sus pasos hacía allá.
Al llegar a las oficinas
de Pentagül, se impresionó por la pobreza del lugar, una choza de
adobe, piso de tierra, donde en unos cajones sacaba cuentas Karlim
Lavalim.
- Bienvenida Bella
Alemana
- Gracias señor Karlim,
me imagino sabe a qué vengo, muero de vergüenza, pero es la única
posibilidad que tengo a mano para luchar por la libertad de elegir de
las personas, que quieren pagar por educarse.
- Lo se pequeña, hable
con nuestro contador, don Hugonur El Bravucón, él le dará algo de
las liras turcas que hemos juntado en la olla, yo me voy de viaje y
lo dejé todo en sus manos.
La Bella Alemana no
contaba con la maldad de Hugonur, esa maldad intrínseca en todo ser
humano
- Está bien Bella
Alemana, te pasaré el dinero, pero debes pasar una noche conmigo.
- ¡Pero cómo se le
ocurre! ¡Eso no fue lo que dijo don Karlim!
- Don Karlim puede decir
lo que quiera, pero el dinero de la olla lo paso yo.
La Bella Alemana se
retiró indignada, llorando por la brutal humillación, tan absorta
estaba en su tristeza, que no se percató de la harapienta multitud que comenzó a rodearla.
- ¡Consejera!
¡Consejera! ¿ha oído los planes de la Sultana? quiere darnos
educación gratuita - Claman con desesperación.
- ¡Consejera! ¡Nos
quieren quitar el hermoso privilegio que nos dio Alá de pagar por
educar a nuestros hijos!
- ¡Consejera! ¡Nos
quieren quitar nuestro sagrado derecho de elegir dónde educarnos!
¡Quieren que nuestros hijos se mezclen en una misma escuela con
todos! ¡incluso con los hijos de los ricos!
- Consejera, debe luchar
por nosotros, los más desposeídos, los más esforzados, ¡debe
impedir que no paguemos!
- Lo se queridos, lucharé
por ustedes.
Con la valentía dada por
esos millones de harapientos turcos, por su libertad, vuelve donde
Hugonur y con una entereza dada sólo por la convicción de los
ideales le dice:
- Esta bien, pasaré la
noche contigo, será una noche negra. Lo hago por la libertad de
elegir y por el sagrado derecho de Alá de que las personas paguen
por educar a sus hijos, por la salud de sus hijos, por la vivienda de
sus hijos y por todo, como debe ser.
Las nobles palabras de la
Bella Alemana no conmovieron al astuto Hugonur, quién pasó la noche
con ella. Una noche negra en donde debió prestar el cuerpo, pero una
noche luminosa para la libertad.
Tiempo después, ya
ganadas las elecciones, al principio la vergüenza de haber prestado
el cuerpo la hizo negar la noche negra, pero Hugonur lo gritó a los
cuatro vientos. Asumiendo la humillación lo aceptó. Todo el mundo
entendió que fue un error involuntario, pues a pesar de que su
cuerpo estaba con Hugonur, su mente, alma y corazón estaban con Alá
y la libertad.
Cualquier otro
comentario, simplemente vale callampa.
Genial!
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