jueves, 22 de enero de 2015

¿Qué culpa tiene Pentagül? Capítulo II: La Noche Negra de la Bella Alemana (o La Pentá de Cuerpo)

Año 9.345, la Sultana ha intensificado sus malévolos planes para volver al trono, estatizar toda Turquía, tener el control absoluto, invadir Rusia, resucitar a Lenin y revivir la URSS. Ha logrado embaucar al pueblo, gracias a los embrujos y sortilegios que camufló en cada bono que entregaba, por lo que es casi imposible contrarrestar la temible influencia.

Las calles de Estambul son el reflejo de lo que sucede en el país. La pobreza se respira en cada rincón de la ciudad, el desabastecimiento es tal, que hubo largas filas, con espera de hasta 12 horas para comprar el vital Iphone 6. "La libertad de elegir se está cayendo a pedazos", suspiran impotentes los esforzados Karlim Delahum y Karlim Lavalim, lideres de la humilde pyme Pentagül, quienes desde uno de los barrios más pobres de Estambul, reúnen lira turca a lira turca, para apoyar a los candidatos de la UDIT, el único partido que no mentía, para los puestos de Consejeros Reales.

No lejos de allí, camina desolada la Bella Alemana. Sus dulces ojos observan con tristeza como los planes de la Sultana por volver al trono y derrocar a Suleiman El Brazoscortísimos se acentúan, con terror piensa en su última promesa de batalla: estatizar la educación y lo que es peor, que esta sea ¡Gratuita!.

- ¡Qué mente perversa puede desear que la educación sea gratuita! Se lamenta la Bella Alemana. ¡Cómo es posible si quiera imaginar que la gente no pague por educarse y que el Estado se haga cargo de eso! ¡Cómo si fuese un derecho humano!

La Bella Alemana ha luchado intensamente contra esos planes, como Consejera Designada Real, ha peleado con fervor por la libertad de elegir de la señora Juanita de La Pintanam y que esta pague por educar a sus siete hijos: ¡Por amor a Alá! ¡Entiendan! ¿Cómo pueden ser tan miserables de quitar el placer de pagar a una humilde mujer, que feliz destina 3/4 partes de su sueldo para costear la educación de sus hijos? ¿Tienen corazón para aumentar los ingresos de esa pobre mujer y que los gaste en otras cosas, como comprarse un nuevo colchón, y que... y que... (le tiembla la voz) que ese gasto lo asuma el Estado?

Gruesas lágrimas caen por sus tersas mejillas al recordar esos debates. Su puesto como Consejera Designada Real está en peligro, pues no cuenta con recursos para pagar su campaña. El dolor la invade. Su padre, un modesto agricultor, que de sol a sol se dedica al noble trabajo de las semillas, no cuenta con las liras turcas suficientes para prestarle. "Quizá sea el momento de renunciar". De pronto sus ojos se iluminan, como inspiración de Alá recuerda a Pentagül, sabe que la humilde Pyme apoya a los candidatos de la UDIT, el único partido que no mentía, pues luchan como ella contra el estatismo, así que redirige sus pasos hacía allá.

Al llegar a las oficinas de Pentagül, se impresionó por la pobreza del lugar, una choza de adobe, piso de tierra, donde en unos cajones sacaba cuentas Karlim Lavalim.

- Bienvenida Bella Alemana
- Gracias señor Karlim, me imagino sabe a qué vengo, muero de vergüenza, pero es la única posibilidad que tengo a mano para luchar por la libertad de elegir de las personas, que quieren pagar por educarse.
- Lo se pequeña, hable con nuestro contador, don Hugonur El Bravucón, él le dará algo de las liras turcas que hemos juntado en la olla, yo me voy de viaje y lo dejé todo en sus manos.

La Bella Alemana no contaba con la maldad de Hugonur, esa maldad intrínseca en todo ser humano

- Está bien Bella Alemana, te pasaré el dinero, pero debes pasar una noche conmigo.
- ¡Pero cómo se le ocurre! ¡Eso no fue lo que dijo don Karlim!
- Don Karlim puede decir lo que quiera, pero el dinero de la olla lo paso yo.

La Bella Alemana se retiró indignada, llorando por la brutal humillación, tan absorta estaba en su tristeza, que no se percató de la harapienta multitud que comenzó a rodearla.

- ¡Consejera! ¡Consejera! ¿ha oído los planes de la Sultana? quiere darnos educación gratuita - Claman con desesperación.
- ¡Consejera! ¡Nos quieren quitar el hermoso privilegio que nos dio Alá de pagar por educar a nuestros hijos!
- ¡Consejera! ¡Nos quieren quitar nuestro sagrado derecho de elegir dónde educarnos! ¡Quieren que nuestros hijos se mezclen en una misma escuela con todos! ¡incluso con los hijos de los ricos!
- Consejera, debe luchar por nosotros, los más desposeídos, los más esforzados, ¡debe impedir que no paguemos!
- Lo se queridos, lucharé por ustedes.

Con la valentía dada por esos millones de harapientos turcos, por su libertad, vuelve donde Hugonur y con una entereza dada sólo por la convicción de los ideales le dice:

- Esta bien, pasaré la noche contigo, será una noche negra. Lo hago por la libertad de elegir y por el sagrado derecho de Alá de que las personas paguen por educar a sus hijos, por la salud de sus hijos, por la vivienda de sus hijos y por todo, como debe ser.

Las nobles palabras de la Bella Alemana no conmovieron al astuto Hugonur, quién pasó la noche con ella. Una noche negra en donde debió prestar el cuerpo, pero una noche luminosa para la libertad.

Tiempo después, ya ganadas las elecciones, al principio la vergüenza de haber prestado el cuerpo la hizo negar la noche negra, pero Hugonur lo gritó a los cuatro vientos. Asumiendo la humillación lo aceptó. Todo el mundo entendió que fue un error involuntario, pues a pesar de que su cuerpo estaba con Hugonur, su mente, alma y corazón estaban con Alá y la libertad.

Cualquier otro comentario, simplemente vale callampa.


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