Turquía, año 9.345, la
dictadura del socialismo amenaza con volverse una realidad,
intentando restringir las libertades de elegir de todos los
ciudadanos. La pretensión final es estatizar y dar gratuidad a todo
¡incluso a los baños públicos de los paseos peatonales!. "La
señora Juanita no podrá elegir ir al baño del mall, pagando la
módica suma de 350 liras turcas, pues el Estado le impondrá que no
pague" suspiraba la Bella Alemana, perteneciente al único
partido que no mentía, la UDIT (Unión Democrática Independiente
Turca).
Esta espiral represora,
se había intensificado con el retorno de la ex Sultana, de quién
profetas como JNJ y el Pastor Soto decían, había sido intervenida
en el vientre materno con genes de Castro, Maduro, Putin y los
Reptilianos. Educada entre Iluminatis, la Sultana estaba a punto de
ganar su segundo mandato, luego de que fuera derrocada por Suleiman
El Brazoscortísimos.
La Sultana contaba con el
amor del pueblo, pues en períodos de crisis (es decir, todo el
tiempo) abría las arcas del tesoro real y regalaba monedas en forma
de bonos. Sin embargo, su aspiración secreta era adueñarse de toda
Turquía, resucitar el cadáver de Lenin e invadir Rusia, para
revivir la antigua URSS.
En uno de los barrios más
pobres de Estambul, un grupo de esforzados emprendedores veía con
tristeza como los sueños de libertad de elegir se estaban
restringiendo, su aspirante al sultanato, Evelain La Maligna, no
contaba con el cariño de los turcos, quienes la acusaban de brujería
y provocadora de males de ojos.
La pyme se llamaba
Pentagül, la que con mucho esfuerzo y sacrificio había logrado levantar
algunos negocitos muy humildes y con ganancias mínimas, la mayoría
de ellos a penas alcazaba para darse vueltas a fin de mes. Entre los
negocitos se contaban consultorios de salud populares, unos banquitos
de prestamos ("Devuelva cuando pueda y si no puede, no importa"
rezaba su lema), unos centro de alojamiento comunitario, entre otros.
Los lideres de Pentagül
eran dos modestos trabajadores, Karlim Delahum y Karlim Lavalim,
quienes sudaron sangre durante años para dar vida a Pentagül.
cumpliendo así el sueño de sus ancestros. Temerosos de los planes de la Sultana, sintiendo un deber patriótico para
con los Turcos, por lo que decidieron apoyar a las postulaciones de los
candidatos de la UDIT, el único partido que no mentía, al Consejo
Real y en una gastada olla, fueron reuniendo fondos solidarios,
aportados por todos sus trabajadores.
- Imposible que llenemos
alguna vez la olla amigo Karlim Lavalim, a nosotros y a nuestros
trabajadores, a penas nos alcanza para vivir, somos muy modestos.
- No te desanimes Karlim
Delahum, nuestra gente aporta con lo que sea ¡mira! acá nos dejaron
unos bototos.
Un gran amigo de los
Karlim, (como eran conocidos) llamado Hugonur El Bravucón fue el
encargado de repartir los aportes entre los candidatos de la UDIT, el
único partido que no mentía, según se lo fuesen solicitando por
medio de cartas.
Uno de los que enviaron
cartas, fue Iban Almoreina, escrita de su puño y letra, con una
bella caligrafía y redacción, que haría regocijar incluso a Allah.
De hecho, Iban Almoreina había tenido clases particulares de
literatura con su mentor, el Jeque Perrocheint, quien tantas
libertades y beneficios habían llevado a Turquía. La UDIT, el único
partido que no mentía, se había formado bajo su alero y con su
beneplácito, siendo bendecidos por el Jeque en persona. Algunos
cercanos cuentan, que a Iban Almoreina se le llenan los ojos de
lágrimas al recordar aquellas tardes con su maestro.
"Me tienes
castigado Hugonur? te he enviado 10 palomas mensajeras, trata
devolverme una, más que sea"
Hugonur El Bravucón
presto corrió en su ayuda, pero la prueba que se le venía a Iban
Almoreina era demasiado dura: una carrera de 1.000 metros por
Estambul, sin descanso. Iban Almoreina tenía un viejo automóvil,
pero no bencina. Existía la posibilidad de hacerla a pie, pero
estaba descalzo. Avergonzado le escribe solicitando un cupón de
combustible, pero Pentagül era demasiado pobre, "solo nos
quedan bototos Iban, te daré 10" responde El Bravucón.
Iban Almoreina inicia la
carrera, veloz como el viento corría con los 10 bototos, los que se
puso todos a la vez, sin embargo, en los últimos 100 metros ocurrió
el imprevisto: se gastaron todas las zuelas. Nuevamente escribe
"Amigo Hugonur, quedará algún raspado de la olla?",
Hugonur no demora y va en su rescate 7, lo que significa que en la
siguiente avenida le darán 7 bototos más.
Iban Almoreina gana la
carrera y es honrado por eso, con el cargo de uno de los Consejeros Reales. En
la humilde morada donde se reúnen los miembros de la UDIT, el único
partido que no mentía, se respira algo de tranquilidad, su tarea era
inmensa, intentar frenar los perversos planes de La Sultana, de
revivir la URSS y ser ella la nueva Stalin. En el miserable barrio de
Estambul, los Karlim siguen recolectando fondos para llenar otra vez
la olla, pues aún quedan muchas tareas pendientes, la libertad de
elegir está en juego y es algo por lo que, por el bien de Turquía,
lucharán hasta el final.
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