viernes, 9 de enero de 2015

¿Qué culpa tiene Pentagül? Capítulo I: Los mil y un raspados de olla

Turquía, año 9.345, la dictadura del socialismo amenaza con volverse una realidad, intentando restringir las libertades de elegir de todos los ciudadanos. La pretensión final es estatizar y dar gratuidad a todo ¡incluso a los baños públicos de los paseos peatonales!. "La señora Juanita no podrá elegir ir al baño del mall, pagando la módica suma de 350 liras turcas, pues el Estado le impondrá que no pague" suspiraba la Bella Alemana, perteneciente al único partido que no mentía, la UDIT (Unión Democrática Independiente Turca).

Esta espiral represora, se había intensificado con el retorno de la ex Sultana, de quién profetas como JNJ y el Pastor Soto decían, había sido intervenida en el vientre materno con genes de Castro, Maduro, Putin y los Reptilianos. Educada entre Iluminatis, la Sultana estaba a punto de ganar su segundo mandato, luego de que fuera derrocada por Suleiman El Brazoscortísimos.

La Sultana contaba con el amor del pueblo, pues en períodos de crisis (es decir, todo el tiempo) abría las arcas del tesoro real y regalaba monedas en forma de bonos. Sin embargo, su aspiración secreta era adueñarse de toda Turquía, resucitar el cadáver de Lenin e invadir Rusia, para revivir la antigua URSS.

En uno de los barrios más pobres de Estambul, un grupo de esforzados emprendedores veía con tristeza como los sueños de libertad de elegir se estaban restringiendo, su aspirante al sultanato, Evelain La Maligna, no contaba con el cariño de los turcos, quienes la acusaban de brujería y provocadora de males de ojos.

La pyme se llamaba Pentagül, la que con mucho esfuerzo y sacrificio había logrado levantar algunos negocitos muy humildes y con ganancias mínimas, la mayoría de ellos a penas alcazaba para darse vueltas a fin de mes. Entre los negocitos se contaban consultorios de salud populares, unos banquitos de prestamos ("Devuelva cuando pueda y si no puede, no importa" rezaba su lema), unos centro de alojamiento comunitario, entre otros.

Los lideres de Pentagül eran dos modestos trabajadores, Karlim Delahum y Karlim Lavalim, quienes sudaron sangre durante años para dar vida a Pentagül. cumpliendo así el sueño de sus ancestros. Temerosos de los planes de la Sultana, sintiendo un deber patriótico para con los Turcos, por lo que decidieron apoyar a las postulaciones de los candidatos de la UDIT, el único partido que no mentía, al Consejo Real y en una gastada olla, fueron reuniendo fondos solidarios, aportados por todos sus trabajadores.

- Imposible que llenemos alguna vez la olla amigo Karlim Lavalim, a nosotros y a nuestros trabajadores, a penas nos alcanza para vivir, somos muy modestos.
- No te desanimes Karlim Delahum, nuestra gente aporta con lo que sea ¡mira! acá nos dejaron unos bototos.

Un gran amigo de los Karlim, (como eran conocidos) llamado Hugonur El Bravucón fue el encargado de repartir los aportes entre los candidatos de la UDIT, el único partido que no mentía, según se lo fuesen solicitando por medio de cartas.

Uno de los que enviaron cartas, fue Iban Almoreina, escrita de su puño y letra, con una bella caligrafía y redacción, que haría regocijar incluso a Allah. De hecho, Iban Almoreina había tenido clases particulares de literatura con su mentor, el Jeque Perrocheint, quien tantas libertades y beneficios habían llevado a Turquía. La UDIT, el único partido que no mentía, se había formado bajo su alero y con su beneplácito, siendo bendecidos por el Jeque en persona. Algunos cercanos cuentan, que a Iban Almoreina se le llenan los ojos de lágrimas al recordar aquellas tardes con su maestro.

"Me tienes castigado Hugonur? te he enviado 10 palomas mensajeras, trata devolverme una, más que sea"

Hugonur El Bravucón presto corrió en su ayuda, pero la prueba que se le venía a Iban Almoreina era demasiado dura: una carrera de 1.000 metros por Estambul, sin descanso. Iban Almoreina tenía un viejo automóvil, pero no bencina. Existía la posibilidad de hacerla a pie, pero estaba descalzo. Avergonzado le escribe solicitando un cupón de combustible, pero Pentagül era demasiado pobre, "solo nos quedan bototos Iban, te daré 10" responde El Bravucón.

Iban Almoreina inicia la carrera, veloz como el viento corría con los 10 bototos, los que se puso todos a la vez, sin embargo, en los últimos 100 metros ocurrió el imprevisto: se gastaron todas las zuelas. Nuevamente escribe "Amigo Hugonur, quedará algún raspado de la olla?", Hugonur no demora y va en su rescate 7, lo que significa que en la siguiente avenida le darán 7 bototos más.

Iban Almoreina gana la carrera y es honrado por eso, con el cargo de uno de los Consejeros Reales. En la humilde morada donde se reúnen los miembros de la UDIT, el único partido que no mentía, se respira algo de tranquilidad, su tarea era inmensa, intentar frenar los perversos planes de La Sultana, de revivir la URSS y ser ella la nueva Stalin. En el miserable barrio de Estambul, los Karlim siguen recolectando fondos para llenar otra vez la olla, pues aún quedan muchas tareas pendientes, la libertad de elegir está en juego y es algo por lo que, por el bien de Turquía, lucharán hasta el final.


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